Perfil defensivo:
Ivarov: Un ruso majo. De él se exageraba todo, tanto para lo bueno como para lo malo. Le afectó mentalmente, pero aguantó muchos años al pie del cañón. Nos invitaba a vodka de tanto en tanto y nos contaba sus chistes.Zamenhof: Era pasota y serio, extraña mezcla. Nada memorable, salvo que parecía babear cual retrasado. ¿Sabía acaso qué era una brizna de hierba?
Valeny: El otaku del grupo. Sorprendente, ¿eh? Os diría que le encantaba todo lo kawai y lo moe. Je, si en broma le llamábamos el pedófilo. Cómo se emocionaba con las aventuras de K-On!, ¡todo un señor de ébano de 1,8 metros con los abdominales marcados! Hasta se disfrazó en el salón del manga algún año. Pero ídolo. Era el puto capitán para nosotros. El que nos defendía a todos hasta la muerte, cual Roy Keane.
Libermann: Cuando le conozcas, olvídate de jugar por alto: teme sus 1,9 metros. Así fue durante años. Incluso los centros del mejor Beckham morían en su cabeza. Y en el área contraria, convenía temer: podía anotar. Era serio y de pocas palabras, pero nunca nos trató mal. Nos consideraba a todos iguales.
Vornander: Sin palabras. Eras el mejor defensor, tan sólo la cagabas como cinco veces por partido, pero nunca te querían. Nunca. Siempre confundían tu semblante serio con antipatía y no tuviste suerte en la vida, incluso comiéndote tres divorcios y dos hijas que jamás verías. Todxs sabemos que en un mundo alternativo serías el líder defensivo del Chelsea. Nos querías de verdad. Gracias.
Dulic: ¿Por qué nunca hablaste? En serio. Nunca jamás ninguno de nosotros le oyó palabra alguna. Se limitaba a mirar y a gesticular. Pero era suficiente. Era el mejor jugando en equipo. Eso sí, ¡suéltate, coño! Que queremos oír tus clichés historias de la guerra yugoslava. Queremos oír cómo te escondías bajo las bombas.
Ceciu: El taciturno del grupo. Nunca le conocimos demasiado, pero no hacía mal su trabajo. Hasta demostraba tener creatividad en la defensa cuando salía, dándonos salida del balón.
Stremer: Le encantaba presumir de hacer más de 500 flexiones en el vestuario. Ya lo sabemos, gilipollas, y estás todo fuerte, ¿pero qué coño haces en tu vida? Porque jamás te vimos quitarte el balón. ¡No podías ni con Burchet en los entrenamientos!
Nachtegall, digamos, Nachdecal en acción. La imagen es una dramatización.
Celnili: Siempre nos hablaste en un extraño dialecto, pero tenías más años que un bosque y tus historias nos encantaban, como cuando nos decías que en el Cretácico le metiste un cangrejo a una niña y te reíste mientras lloraba. Ensayabas una y otra vez el tiro definitivo. Todos lo intuíamos. Era una ráfaga brutal de viento. Pero nunca te sacaron. Nunca. Tu sueño se frustró.
Edinson: El bromista del grupo. Es un escocés, pero cuando le veas saltarán todos los clichés. Nos contaba chistes malos o nos gastaba bromas, invariablemente. Su juego era una mezcla de Míchel Salgado, Cafú y Junior. Sorprendía llegando desde muy lejos: perdiendo el balón en la línea de fondo, tirando a la defensa o centrar al quinto anfiteatro. De vez en cuando, nos sorprendía todavía más: recuerdo aquel día contra el Guingamp francés. Edinson miraba desde muy lejos. Decidió golpear con el exterior y con potencia. El balón adquirió una buena rosca y giró sobre sí mismo. Entró en toda la escuadra, ante un meta sorprendido.
Nachdecal: Con unas cualidades que no poseía, pero con una generosidad ilimitada, ofrecía tremendos pases al contrario o, más esporádicamente, a los nuestros. Su folha seca era magistral pero jamás la probaba en donde debía, en la portería, ¡¡no en la grada!!
Macco: Cuando no tocaba el whisky, tocaba la cerveza. ¿Sobriedad? ¡Ja! En el campo lo cortaba absolutamente todo. Incluso las piernas del referí. Su relación de amor con las rojas es indiscutible. Nuestro Keane. Nuestro puto amo, ¡coño, si llegaba muchas veces bebido al campo!
Harty: Jamás jugó. ¡Jamás! Creo que era nuestro friegasuelos, pero me ha extrañado verle como parte de la plantilla.
Bueno, mañana os cuento de los cerebritos y de los ofendedores.

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